C Guerrero. V.
Sus armas, son como brazos y manos que se estiran y alcanzan el pequeño rojo. Están llenas de niños de muchos colores... sus sueños allí descansan. Los roba, los apaga con fuerza, mientras regresa a su escondite de poder, dejando todo entre llamas, escombros, entre sombras, entre las personas inertes que ya no sienten, muertas... que duermen por siempre.Se aleja con los sueños del pequeño rojo, lo arrastra sin piedad, con sus manos rojas, manchadas con los sueños de niños de todos los colores.-¡Sssh!... no grites, nos harán daño— afirmó con voz suave, como un susurro.-¿Y mamá? ...— pregunta el pequeño, recostado sobre la cama, con su rostro a punto de llanto.—Salió con papá y los demás. Estamos solos... duerme —contestó, de pie, mientras veía para todos lados, pues los disparos y lamentos fuera de las cuatro paredes del pequeño cuarto no dejaban de alertarlo.