Autores Varios
En 1940, un párroco de Otumba decidió que la poesía náhuatl no podía seguir siendo territorio exclusivo de filólogos alemanes. Eduard Seler había muerto en 1922 dejando comentarios exhaustivos en una lengua que pocos mexicanos leían. Los manuscritos dormían en Madrid y Florencia. Ángel María Garibay Kintana, autodidacta feroz, publicó Poesía indígena de la altiplanicie: trece himnos del fondo de Sahagún y una selección de los Cantares Mexicanos. No ofreció textos originales ni aparato crítico. Ofreció versiones libres, a veces inexactas, casi siempre memorables.’Mi corazón está brotando flores en la mitad de la noche.’El libro tuvo éxito inmediato.Pero Garibay era honesto. Reconocería después que estas traducciones ’dieron acatamiento a Seler más allá de lo justo’. En 1958 publicó los Veinte himnos sacros con rigor filológico completo: textos náhuatl, glosas marginales, comentarios exhaustivos. Nunca retiró Poesía indígena de la altiplanicie. Entendía su función. No la exactitud, sino el asombro. La puerta de entrada antes que el inventario.Hay traducciones que preparan para otras traducciones. Hay lecturas que enseñan a leer. Antes de comprender hay que detenerse, sentir el peso de lo extraño.Voces de hace quinientos años. Alguien las cantó creyendo que los dioses escuchaban. Nosotros todavía podemos leerlas.